Desde el principio de todo, siempre existe una dualidad de las
cosas. Un objeto, una idea, un ser vivo. Todo en su sentido amplio,
inevitablemente tiene su antagónico, su complementario, su suplementario.
Un
brazo derecho tiene su izquierdo, una mano su homóloga, el bien tiene su mal y
el Dios, sus demonios. Tú eres el mal, el bien, la virtud, el defecto. Eres
bueno por naturaleza y tu maldad bebe de la misma naturaleza inherente a las
cosas. No puedes evitarlo, al igual que eres incapaz de mover la tierra donde
tienes puestos los pies.
Para
que exista una cura, es necesaria la enfermedad. Lo “bueno” necesita lo “malo”.
Para que veas algo limpio, tienes que ver algo sucio para compararlo. Eres un
hombre porque existe una mujer. Siempre hay una dualidad en las cosas. Ahora
eres una de ellas, ayer fuiste la otra…y cuando consigues llegar a las dos de
forma simultánea, es cuando has llegado al final del camino. Es cuando todo se
ha parado, el tiempo deja de tener sentido y las personas dejan de tener su
alma. Ves que lo que tienes en tus manos siempre fue tierra sucia y lo que tenías
por una idea, sólo es la necedad de la ignorancia. Nunca tuviste nada. Ni
fuiste “algo”. Cuando el tiempo se para, y las manecillas del reloj mueren, tú
mueres y tus ideas ya lo estaban.
Te
has caído varias veces en el pozo, pero algunas veces has salido por ti mismo,
y otras veces te han sacado. ¿Te acuerdas? Es imposible que te acuerdes, hace
tanto tiempo…
Las
hojas de los árboles están ahí fuera bailando. Se burlan de ti, ¿las estás viendo?
Hojas secas que de muertas que están, provocan carcajadas. Se ríen de tu vida,
se ríen de tus sueños. Te susurran cosas. Dicen que no estás vivo. Que no te
dejan vivir. Que no quieres estar vivo. Que prefieres que vivan por ti.
Si
miras más allá de esos árboles que bordean el camino, podrás ver una luz en esa
ventana. Algo se mueve. Es una noche oscura, pero la luz de la luna te deja ver
siluetas. Y esa luz podrías verla desde tres kilómetros. Ese que está dentro no
se ríe de ti. Bastante tiene para él. Se llama Sócrates y dicen en el pueblo de
abajo que está un poco loco. Sócrates lleva tiempo diciendo que quiere irse
lejos. Que ha visto lo que se
esconde en el trastero de la vida y no le gusta.
Todos
se burlan de él. Mira más allá. Detrás de esas montañas que ves, hay gente que
no le interesa que huya porque podría ver cosas que nadie ve. Y cuando miras
algo y ves lo que se esconde en ese montón de líneas y formas, ya no puedes
dejar de ver. Es como uno de esos juegos ópticos en los que hay una figura
escondida. Cuando la ves, tu vista trasciende las líneas amorfas, ves ese
caballo, ese niño, esa mariposa, esa rueda, ese cuchillo…y luego ya sólo ves
caballos, niños montados en mariposas y ruedas sobre cuchillos

